RUTAS

Cuando uno piensa en las musas que inspiran al poeta para componer dulces estrofas en verso no se imagina que puedan provenir del detalle más nimio, como por ejemplo una caja de cerillas. Ni tampoco asocia la figura del intelectual al de una persona de clase trabajadora, que cada día lucha contra la rutina más soporífera e insulsa de la realidad. Sin embargo, es ahí donde reside la belleza de la venerada Paterson, del realizador indie por antonomasia Jim Jarmusch. Si algo podemos aprender de esta película es que la lírica no está reservada únicamente a la élite aristocrática. De hecho, el arte de observar el medio actúa como insulina para quien tiene serio riesgo de quedarse atrapado en una vida sin alicientes, y es evidente que quienes tienen un oficio automatizado son más propensos a desarrollarlo.

Paterson, interpretado por Adam Driver, es un conductor de autobús de línea en Paterson, New Jersey. Pero, antes de comenzar cada jornada laboral, anota en su libreta personal aquellas rimas al alba que su mente ha construido de camino al lugar de trabajo. Aunque él mismo se considera simplemente un aficionado a la poesía. Y nada más. Su novia, una estupenda Golshifteh Farahani, le anima a que publique su cuaderno secreto porque piensa que está a la altura de la obra de William Carlos Williams, escritor americano el cual uno de sus libros se titula “Paterson”. ¿Casualidad? Digamos que el autor acostumbra ya a que el azar sucumba a las líneas pétreas del guión: historias que suenan reales pero que esconden su singular modo de ver el mundo, donde sus ídolos e influencias culturales aparecen en un plano o un fragmento de diálogo: por algo lo llaman cine de autor. De esta manera, la simbiosis entre objetos, sujetos, tiempos y espacios en esta fábula de estilo hiperrealista se ha convertido en su seña de identidad, una forma de hacernos ver que las personas, sin importar el origen, tenemos más en común de lo que parece. Y, en esta ocasión, se basta de unos personajes cotidianos muy bien construidos para sostener la acción del film.

Al hilo de la película, en los últimos meses Europa se ha visto envuelta en una serie de situaciones lamentables, y algunas trágicas, que han puesto en jaque la supuesta libertad de circulación de las personas. Y todas ellas se han perpetrado con vehículos de transporte público en carretera, signo del progreso tecnológico e industrial del siglo pasado y lazo de unión entre municipios de todo el planeta. Cuando ocurren tragedias de este tipo, todo protocolo de seguridad y demostración de fuerza coercitiva pierde su total sentido a posteriori. Y la voluntad de cometer tales atropellos morales y explosiones sin deportividad va en sentido contrario al fin ideal de sus ejecutores o inductores. En Occidente, los viandantes y viajeros no merecen más desgracia que la de ser engañados por sus representantes políticos y autoridades públicas cuando estos no son vigilados de cerca; pero aquellas invasiones y violaciones del pasado y presente en territorios lejanos no son sino cuestiones que deben reivindicarse en altas esferas, no ante la menguante soberanía popular. Recuerdo que, cada vez que había una riña en el patio del colegio entre alumnos de distinta edad, algún profesor salía a separar diciendo aquello de “métete con los de tu tamaño” al mayor de ellos. Pero, ojo, esto no quiere decir que la responsabilidad de semejantes atentados sean atribuibles, por mucho que se apropien de su autoría, al poder supremo del Mal ya que la mayoría de las veces se trata de delincuentes comunes, y muchos de ellos con trastornos mentales, que solo buscan su minuto de gloria en los medios. De lo contrario, podríamos entrar en una deliberada situación de pánico absoluto que anularía por completo nuestra capacidad de discernir entre la razón y la emoción. Por eso hay colectivos que piden no distorsionar sobre los hechos ocurridos, para que el debate social no acabe sumido en un banal coloquio. En cuestiones como ésta, será necesario tomar la línea correcta, como si de un bus urbano se tratara, que nos lleve lo antes posible a nuestro destino. Convendría “deshumanizarse” un poco tomando como ejemplo estas máquinas motorizadas que fueron símbolo de una época industrial dorada, donde la interculturalidad siempre jugó un papel transcendental en Occidente. La transversalidad racial fue clave tanto en cadena de montaje para su fabricación como en su uso como bien de servicio -pues permitió que personas random compartiesen asientos sin importar su origen o conocimiento- para que la visión del mundo se transformara. A partir de ahora deberíamos compartir también el deseo de llegar a un mismo destino. Y siendo justos, habría que agradecer la impertérrita labor diaria que hacen sus conductores; son portadores de un instrumento de paz. Merecen respeto y cuidado para que continúen allende su hoja de ruta.

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3 comentarios en “RUTAS

  1. Me gusta en general, excepto la parte de “deshumanizarnos”… ¿Más? Ja, ja, ya actuamos demasiado maquinalmente la mayoría del tiempo, me da la impresión; de hecho, estos ataques con máquinas nos recuerdan que todo a nuestro alrededor es máquina, que nos olvidamos a menudo en nuestro algoritmos rutinarios del sufrimiento ajeno, que de pronto nos estalla ante nuestras narices en forma de irracional desolación y nos recuerda que el mundo es, a fin de cuentas, un lugar donde la seguridad no es completa y que sobre todo no debería fundamentarse en armas y máquinas.
    Soy consciente de que este párrafo que acabo de soltar tiene más de posición ideológica que de fundamentación racional, vayan mis disculpas.

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    1. En primer lugar, te agradezco que hayas leído la entrada, eso demuestra tu interés por mi trabajo. En cuanto a la expresión a la que haces referencia, puede que no haya estado muy acertado pero, tal como has entendido, te aseguro que no iba en tal sentido. Me refería más bien a la falta de prejuicios y de ser que tiene cualquier objeto inerte, incluso motorizado, lo que permite que el transporte público se haya adaptado a los nuevos tiempos mejor que las personas -aunque, eso sí, gracias a la lucha pacífica que muchas minorías étnicas o sociales han llevado a cabo por los derechos civiles en infinidad de lugares del planeta-. Estoy de acuerdo contigo cuando dices que vivimos en un mundo cada vez más artificioso -a mí tampoco me gustan las armas, y las máquinas solo si sirven para mejorar nuestra calidad de vida- y algorítmico donde la razón brilla por su ausencia. Pero nosotros somos seres vivos, por lo que la irracionalidad en ciertas personas les lleva a actuar por impulsos o pensar de forma primitiva. Así que, como ves, siempre hay una idea detrás del hombre y la mujer. Cuando hablo de estas cosas siempre pongo como ejemplo la teoría de Hobbes, aquella que nos identifica como seres egoístas e individualistas por naturaleza. Por eso unos inventos han funcionado como instrumento de unión social, y otros como arma de destrucción masiva. Y no te disculpes, me gusta generar debate de ideas siempre que haya argumentos y criterio. Un saludo.

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  2. Me alegra que te guste la idea de generar debate (siempre que no se haga “de bate” ja, ja… sí, este es mi nivel de humor, no lo puedo evitar). Sumar Hobbes y máquina me parece un cóctel explosivo que fundamenta todo el discurso de progreso capitalista, más allá de sus buenas intenciones respecto a la paz natural (de Hobbes, no del capitalismo); aquí “máquina” se opone a “herramienta”. Pero bueno, me estoy yendo de tema…

    Espero leer posteriores entradas. Ánimo.

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